Morbilidad y mortalidad

La carencia grave de estas células hace que el corazón tenga que bombear mucha más sangre de lo normal y también los pulmones deben compensar la carencia.  De esta forma, corazón y pulmón se ven sometidos a una sobrecarga grave de trabajo y aparecen los síntomas de taquicardia (aumento de la frecuencia de los latidos del corazón), sensación de fatiga, falta de aire y debilidad. Si la disminución de hematíes se agrava, esta sobrecarga puede hacer que los órganos fracasen apareciendo insuficiencia cardiaca, insuficiencia respiratoria e incluso pérdida de conocimiento por fallo en la llegada de oxígeno al cerebro.  Esta carencia grave provoca incluso alteraciones graves de la coagulación de la sangre con hemorragias que empeoran la situación, fallo en la función hepática y de los riñones y finalmente muerte por fallo multiorgánico.

La recuperación de pacientes que han alcanzado niveles muy bajos de hematíes sin alcanzar cifras extremas es a veces posible pero suele conllevar mayores complicaciones y prolongación de la estancia hospitalaria e incluso secuelas permanentes.